El consejo de Felipe

El País

“Hay pocos ejemplos en el mundo, probablemente ninguno, en el que un país con esa población, con esa dimensión, sobrepase los límites de su frontera en todas las direcciones para reconocerle, como país, un liderazgo internacional sustancial. Algo tiene que haber debajo de ello.” Con esas palabras se refería a la calidad de nuestras instituciones democráticas el expresidente de España Felipe González, hace un par de semanas atrás.

Fueron días intensos y de mucha emoción en Madrid. No solo tuvimos el honor de compartir panel en Casa de América con Felipe González y con Enrique Iglesias —quien enfatizó que nos hace bien poder mostrarle al mundo nuestra democracia, estimula, reafirma la convicción—, sino que fuimos recibidos por la directora de la Biblioteca Nacional de España para donar nuestro libro “Uruguay: Democracia en Marcha” a su extensa colección.

A veces se le pide a la democracia más de lo que puede dar y eso no es bueno. En palabras de Felipe: “La democracia no garantiza el buen gobierno, sino que garantiza que echamos al que no nos gusta, que no es poco”. La democracia garantiza la legitimidad de origen, pero no la calidad de las políticas.

La evidencia indica que las democracias generan su propio sustento cuando ofrecen bienestar. Así lo muestra un reciente estudio del MIT realizado con datos de encuestas que cubren más de 110 países. Se observa que la mayor exposición a un funcionamiento exitoso de las instituciones democráticas aumenta el apoyo al sistema. Para valorar la democracia, importa el nivel de ingresos y la educación de la gente, pero más aun el tiempo vivido bajo instituciones capaces de ofrecer calidad de vida a la población.

“Hay que construir una mayor igualdad entre los ciudadanos, no solo de oportunidades, sino de origen; que es finalmente lo que condiciona la desigualdad: que el paquete de ciudadanía sea igual para todos” decía Felipe en la lujosa sala Simón Bolívar del Palacio de Linares de Madrid, en donde tiene su cede Casa de América. Aunque el contraste no podía ser mayor al entorno que tenía frente a mis ojos unos días después en Salto, la frase no podría aplicarse mejor a la realidad del merendero Rayito de Luz en el asentamiento La Esperanza, en donde viven 340 familias.

A la vuelta de Madrid fuimos a Salto a dar una conferencia en el hotel frente a la plaza Artigas. Aprovechamos la oportunidad para reunirnos con el Centro Comercial e Industrial —muy preocupados por la diferencia de precios con Argentina— y con productos frutícolas y ganaderos —con perspectivas más alentadoras; hablamos con el director de la sede de la Universidad de la República, con autoridades del Instituto de Alta Especialización de la UTU; conocimos por dentro el funcionamiento de la Represa de Salto Grande; y recorrimos ollas populares en La Esperanza y en el barrio Quiroga.

Felipe en Madrid enfatizó la importancia de las políticas transversales que cortan las líneas horizontales de la izquierda y la derecha, porque en el medio queda la mayor parte de la gente, que demanda políticas efectivas. En esa línea, aplaudo la “Agenda de Desarrollo Salto 2030” presentada en 2019 y vigente con el apoyo de todos los partidos políticos.

El gobierno ha marcado como prioridad el plan “Avanzar” en 120 asentamientos de todo el país —y que incluye a La Esperanza. Hay ahí una oportunidad para avanzar con aquella lógica que marcaba el expresidente español. La situación es crítica y el desafío es enorme: se necesita un apoyo lo más amplio posible.