AISLADO EN SU COALICION

Caras y Caretas

Por Leandro Grille. Entre octubre de 2020 y abril de 2021, el Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social (Ceres) recabó opiniones entre los parlamentarios uruguayos en una encuesta respaldada por Naciones Unidas para conocer su postura íntima sobre diversos temas, entre ellos, la renta básica sin contraprestaciones para las familias necesitadas en el contexto de esta pandemia. La encuesta la respondió todo el Senado de la República (31 senadores en 31) y la inmensa mayoría de diputados y diputadas (93 de 99 diputados) y arroja un consenso mayoritario fabuloso que se da de bruces con la posición del gobierno. Es así que 71% de los legisladores está a favor de una renta básica temporal para la familias más vulnerables, incluyendo un abrumador 96% de los legisladores de la oposición y más de la mitad (52%) de los legisladores del oficialismo.
Con este dato alucinante, se confirma que la decisión del Poder Ejecutivo de no brindar una renta básica o salario mínimo de emergencia a las miles de personas que se quedaron sin apenas ingresos en este período no tenía ni base social ni base parlamentaria, toda vez que la mayoría absoluta de la población y la mayoría absoluta de los representantes del sistema político no la comparten. Me atrevo a afirmar que si Ceres hubiese indagado entre los ministros, habría hallado una proporción similar a la encontrada entre legisladores del oficialismo, resultando el grupo de los ministros lacallistas y, sobre todo, el cerebro económico del ajuste, Isaac Alfie, el núcleo reducido pero decisivo de la intransigencia.
Siguiendo en territorio de las conjeturas, Ceres podría haber indagado sobre la posición de los parlamentarios en torno a la necesidad de adoptar medidas drásticas de reducción de la movilidad y habría descubierto el inmenso consenso político que acompaña de forma silenciosa y cobarde el inmenso consenso social en relación con la aplicación de medidas sanitarias severas para frenar este bacanal de muertes por covid-19. Lamentablemente, no lo hizo. Pero no se necesita una mayor investigación de campo para concluir que el presidente Lacalle Pou no escucha ni a los científicos, ni a los médicos, ni a la sociedad ni al sistema político porque la evidencia es demoledora.
La soledad del presidente no se refleja en el discurso de los políticos de su propia coalición porque viven abozalados (esto es: con un bozal puesto) por las circunstancias, que los obliga a reprimir cualquier polémica que pueda debilitar al presidente y, con ello, liquidar a la coalición. Creen que el futuro de sus propios partidos depende de que el presidente actúe sin obstáculos de ningún tipo, aunque sus actos sean harto controversiales o, directamente, indefendibles. Sin embargo, tampoco alzan su voz para secundarlo en sus políticas irresponsables y a la mayoría de los legisladores del oficialismo no se les escucha en el espacio público, y el sacrificio de batirse por Lacalle Pou recae en un grupo de parlamentarios herreristas de escaso prestigio, menos inteligencia y mal vistos por unanimidad.
Con este panorama, al presidente y sus adláteres no les queda otra que presionar a los medios de comunicación para evitar desviaciones en el empeño del blindaje y dosificar encuestas con números de aprobación fantásticos, como si el rey Midas de las encuestas pudiese convertir la escasa adhesión de sus ideas principales en el seno de su propia coalición, y de la mayoría de la parte de la sociedad que lo votó, en una aceptación que no reconoce fronteras políticas, ni generacionales ni departamentales. Así salen las encuestas, cuanto más desagregadas, más inconsistentes: todo el mundo apoya a Lacalle, todo el mundo apoya la gestión de la pandemia, pero, a la vez, todo el mundo cree que hay que tomar medidas drásticas que el presidente no toma, todo el mundo cree que hay que aprobar un renta básica que no aprueba y todo el mundo está en contra de una política económica que es una verdadera demostración de insensibilidad, una brutal fábrica de pobreza.
Ese es el verso que nos quieren meter ahora: a Lacalle Pou lo apoya la inmensa mayoría de la sociedad por su gestión de la pandemia, pero a la vez la inmensa mayoría de la sociedad y la inmensa mayoría del sistema político, incluyendo a sus legisladores, no están de acuerdo con su posición contraria a adoptar medidas sanitarias mucho más fuertes y no comparten su negativa a la renta básica ni su política económica.
¡Bravo! ¡Han logrado disociar en la hiperrealidad la aprobación del presidente en sí de la aprobación del presidente en su ejercicio!
No nos gobierna una agencia de publicidad, nos gobierna un necio.