Entre inercia y despegue

Por Ignacio Munyo

Estamos en un año clave. A pesar de la gran incertidumbre en el mundo y en la región, el 2022 va a ser un buen año para la economía uruguaya, pero habrá que tomar decisiones fundamentales para mejorar el futuro desarrollo del país.

La situación global es muy compleja. A las turbulencias económicas de la guerra en Ucrania se suman las consecuencias financieras de la aceleración inflacionaria en Estados Unidos y Europa, y los coletazos de una pandemia casi que parece eterna.

El impacto financiero inicial de la invasión de Rusia a Ucrania se ve con claridad en la suba del precio del petróleo y de los cereales, pero puede ir mucho más allá. La guerra genera un fuerte golpe a la confianza en la vigorosidad de la economía global, en un momento en que la solidez de la recuperación de la pandemia estaba entrando en una fase de incertidumbre, y se enfrentaba a crecientes presiones inflacionarias como coletazo de las políticas monetarias y fiscales ultraexpansivas. Esto determina que el riesgo de una suba relevante de tasas globales de interés y, por ende, en el costo del financiamiento, siga presente, pero con menor intensidad.

El panorama regional no es bueno. Brasil comienza la recta final del año electoral con una marcada desaceleración económica -se espera un crecimiento casi nulo del PBI para el 2022-, elevado desempleo y fuerte caída de salario real. Argentina tiene por delante acomodar las cuentas fiscales para poder frenar la inflación y generar una agenda procrecimiento, aunque sea de corto plazo. Más allá del acuerdo con el FMI, sin credibilidad no hay inversión privada, ni desarrollo económico sostenible.

A pesar de este complejo panorama global y regional, la actividad económica en Uruguay tendrá un buen desempeño en el 2022. El PBI crecerá impulsado principalmente por tres motores encendidos.

El primer motor, de menor potencia que los otros dos, es el turismo. Si bien la temporada 2022 viene bastante peor a lo esperado -el diferencial de precios con Argentina y Brasil es demasiado grande y pasa factura-, comparado con la temporada 2021 con fronteras cerradas, será un primer escalón para el crecimiento del año.

El segundo motor es de alta potencia y tiene alta autonomía de los vaivenes del exterior: las obras de construcción asociadas a la tercera planta de celulosa se encuentran en el momento de auge de creación de empleo desde mediados del año pasado y se extenderá hasta el segundo semestre.

El tercer motor también es muy potente. En un contexto de precios internacionales favorables, el sector agroindustrial exportador tiene no solo un gran impacto indirecto sobre otros sectores asociados -como el transporte o la producción de insumos agroquímicos- sino que también en el comercio del interior del país. Las ventas en los supermercados de Tacuarembó mejoran con una buena faena de ganado y las de los de Young con buenas exportaciones de soja.

A pesar del deterioro del contexto global y regional, la economía uruguaya tendrá un buen 2022, lo que se debe valorar mucho. Sin embargo, para asegurar el crecimiento hacia adelante hay que avanzar en la agenda de reformas.

Consolidar la situación fiscal es básico. En 2021 hubo suba de ingresos fiscales por crecimiento de la economía mejor al esperado y gasto público planchado en términos reales, con remuneraciones y jubilaciones en los mismos niveles que a comienzos de 2020, y una suba de gasto de funcionamiento asociado a la pandemia que fue compensado por baja de inversión pública y menor pago de intereses. La mejora fiscal es celebrada por las calificadoras de deuda internacional, pero sin dejar de recordar que la reforma de la seguridad social es vital para la sostenibilidad fiscal.

El problema estructural que explica la mitad del déficit fiscal permanente del Uruguay es el gasto en seguridad social. Está disponible un excelente trabajo de la Comisión de Expertos con diagnóstico y recomendaciones. Hay varios puntos importantes como la generalización y mejora del sistema mixto -para que todos los trabajadores puedan generar ahorros individuales en un sistema privado con mejores incentivos-, el retiro parcial y la jubilación mínima universal. El más importante de todos, para volver viable el sistema, es el aumento de la edad jubilatoria. Esto tiene un costo político elevado: encuestas de opinión pública indican que la amplia mayoría de los uruguayos están en contra de aumentar la edad de retiro laboral.

El TLC con China sería una gran noticia; que, si viene acompañado de avances en el Pacífico o en el Medio Oriente, sería mucho mejor aún. La apertura comercial es la madre de todas las reformas: impone la agenda de cambios que el país tiene pendiente, necesarios para poder competir internacionalmente. Mejora en formación y atracción de recursos humanos desde el exterior, modernización del proceso de negociación laboral, aumento de eficiencia en las empresas del estado, inversión en infraestructura y reducción de costos de transporte, readaptación de costosas regulaciones burocráticas; son todas reformas necesarias para poder despegar.

El 2022 marcará un punto de inflexión para la trayectoria del país -que no será ni el primero ni el último- pero en el que veremos si el país aprovecha una gran oportunidad para empezar a volar.