Incremento de 30% en producción láctea generaría unos US$ 1.300 millones y casi 8.500 empleos; hay “ineficiencias”, según Ceres

Búsqueda – El informe señala que “mejorar la transparencia en la fijación del precio al productor también les daría más certezas” a los tamberos Aumentar la producción industrial de leche en 30%, algo “razonable” considerando la capacidad instalada y las “posibles mejoras de eficiencia”, tendría un “impacto total de US$ 1.300 millones”, lo que representa un “2,6% del Producto Bruto Interno (PBI)”, según un informe del Centro de Estudios para la Realidad Económica y Social (Ceres), encargado por la Sociedad de Productores de Leche de Florida (SPLF) y divulgado el lunes 8.


El trabajo sostiene que el impacto en el mercado laboral también es “significativo”, ya que ese incremento generaría casi “8.500 empleos en la economía”. Sin embargo, “estos números podrían ser inferiores en la medida en que se automaticen ciertas tareas” en la lechería uruguaya, advierte.


Señala que para lograr esos objetivos “hay trabajo por hacer antes de que se pueda considerar al sector como un verdadero motor de la economía uruguaya”.


Los datos referidos a costos promedio de producción de leche en varios países, elaborados por la International Farm Comparison Network (IFCN), muestran que los tambos uruguayos producen, con los mismos insumos, entre 56% (los más chicos) y 83% (los medianos y grandes) de lo que producen los tambos pastoriles más eficientes; y no todo es adopción de tecnología.


De acuerdo al trabajo, “lo que hace a la eficiencia de los tambos en grandes rasgos es la gestión; las habilidades requeridas para operar un tambo y dirigir uno son muy distintas, y a veces los productores que hacen la transición de trabajadores a gerentes pueden tener problemas”.


Una “potencial solución” a esto es la que se hace en Nueva Zelanda, donde organismos como DairyNZ o Primary ITO, financiados mayoritariamente por el sector, brindan cursos de gestión que son gratuitos o de muy bajo costo adicional, plantea.


Otra de las conclusiones de Ceres apunta a la necesidad de “mejorar la transparencia en la fijación del precio al productor”, lo que “también les daría más certezas a los productores sobre precios futuros, mejorando las decisiones de gestión e inversión”.


“El tema del financiamiento también es una traba”, ya que “los productores afirman que los créditos que reciben son de muy corto plazo, y no se ajustan al flujo de fondos de los proyectos”, asegura.


Puntualiza que “casi la totalidad de los créditos (97%) están indexados en dólares, y los ingresos de los productores son en pesos”.


“Un problema de raíz es la dificultad de conseguir garantías: típicamente se utiliza el ganado como garantía, pero no siempre es suficiente”, considera el informe. Y destaca que esto “se exacerba para productores que no son dueños de la tierra”.


De hecho, una de las fragilidades del sector es que prácticamente la mitad de la producción de leche se realiza en campos arrendados o bajo algún otro tipo de contratos.
Gremiales y empresas del sector en los últimos años reclamaron al gobierno la implementación de una política de Estado, que incluya incentivos y exoneraciones fiscales para el desarrollo de la lechería.


Industria, concentración y moneda


“La productividad en la industria también tiene mucho camino por recorrer”, ya que “el precio que se paga a los productores es bajo si comparamos con la región y otros países exportadores del mundo”, según el trabajo de Ceres.


Sostiene que “en Conaprole, los márgenes tienden a cero en el largo plazo: si el precio es bajo es porque se está siendo ineficiente en la industria”.


“Cortar estas ineficiencias permitiría brindar un mejor precio a los productores, lo que aumenta los incentivos para motivar la eficiencia en el sector primario”, recomienda. Sostiene que “hay otros indicadores que muestran que el sector no está siendo eficiente en la industria, y se ubica muy por debajo de competidores como Nueva Zelanda”.
“Una posible explicación de esta ineficiencia es el alto grado de concentración: Conaprole recibe gran parte de la leche remitida a plantas y es responsable del 70% de las exportaciones del sector”, plantea.


Reconoce que “la concentración sola no hace la ineficiencia”.


A modo de ejemplo, Ceres se basó en el caso de Nueva Zelanda, donde la compañía “Fonterra recibe el 82% de la leche remitida a las plantas industriales, pero la ley que creó a esa empresa en 2001 incluyó una serie de salvaguardas para mantener el mercado competitivo, a pesar de la concentración”.


“Se debería estudiar esta ley para analizar cómo mantener los mercados contestables aun con altos niveles de concentración”, sugiere Ceres.


Otros factores


Respecto a la productividad y la mano de obra, el informe señala que “el análisis de automatización de empleo muestra que existen considerables oportunidades de automatizar procesos en el sector” lechero. “Una mayor automatización podría tener efectos positivos en la competitividad y productividad”, asegura.


Sostiene igualmente que “ser productivos y competitivos es una cara de la moneda: la otra parte son los factores externos y las condiciones de entrada”.


“Los precios internacionales son buenos, y eso es un impulso”, reconoce.


Destaca que la situación del Tipo de Cambio Real (TCR) sectorial es “alentadora”, pero “no se puede depender del dólar para competir”.


“Los productores están descalzados en la moneda, por lo que depreciarla para ser más competitivo no es una opción en este caso”, advierte.


En cuanto al acceso a mercados, Ceres señala que “no tiene sentido que el sector se esfuerce en ser productivo si esas ganancias se van a ir en aranceles” aduaneros a pagar. De los principales socios comerciales del país, los lácteos solo entran con aranceles preferenciales en el Mercosur, indica.


Considera que “la propuesta de firmar un Tratado de Libre Comercio (TLC) con China es muy alentadora, pero el país no se puede limitar a un solo mercado”. Otros competidores como Australia y Nueva Zelanda ya tienen condiciones preferenciales en China, y con costos de transporte mucho menores a los de Uruguay, puntualiza.
En otro de los capítulos de su informe, Ceres se refiere a que “el auge de la producción sustentable y grass fed (de ganado criado y alimentado en pasturas) plantea una posibilidad”, y “Uruguay es uno de los mejores del mundo en emisiones de CO2 (Dióxido de carbono) en la producción de lácteos”.


Hay una “mayor demanda por productos orgánicos (que implican un esfuerzo mucho mayor)” y “por proteínas de origen vegetal”, por lo que “el sector debe estar atento a estos cambios”, recomienda Ceres.