La plata está

El Observador

La pandemia hizo cambiar todos los planes, y se ha visto que países ortodoxos han realizado políticas fiscales y monetarias expansivas para atender las urgencias de las empresas y de los individuos La pandemia no cesa pese a las medidas y recomendaciones adoptadas por el gobierno. El gobierno ha resuelto no tomar muchas más medidas de las que ya tomó en febrero y que ahora extiende hasta fines de abril. Y mientras tanto apostar todas las fichas a una vacunación que va viento en popa pero que demorará en hacer efectos.

La oposición exige medidas muy restrictivas de la movilidad que van a afectar la situación económica, que ya viene con tendencia de desaceleración, según marca el Indice líder de CERES de febrero y marzo. Seguramente el crecimiento del PIB de este año será menor del proyectado por el equipo económico, que no esperaba una pandemia tan larga y con un pico de contagios y fallecimientos tan alto. El 2021 iba a ser un año relativamente tranquilo y por ahora es una pesadilla.

Una suerte de “sentimiento encontrado” también flota en la coalición multicolor. Por un lado, es obvio que el presidente ha tomado la decisión de actuar solo ante el auge de la pandemia sin el apoyo explícito de sus socios. Sea por la causa que sea, no deja de ser una jugada riesgosa aunque el presidente goce de una amplia aprobación de gestión, especialmente en materia de manejo de la pandemia. Por otro, sus socios le han pedido al presidente desde febrero medidas económicas de apoyo a las PYMES y sectores vulnerables. En su discurso ante la Asamblea General el 2 de marzo consideró de recibo estos planteamientos pero la instrumentación de las medidas se está haciendo a cuentagotas y en menor grado del esperado. Incluso con varias de las medidas anunciadas no se sabe en qué etapa de implementación se encuentran. Parecería que el gobierno lo hace a desgano porque de lo contrario estaría a plena máquina tratando de implementarlas y de anunciarlas a la población con bombos y platillos. Al día de hoy no se ha implementado siquiera el apoyo a las ollas populares. Es verdad que el gobierno heredó una economía estancada, con alto déficit fiscal y deuda en ascenso. Y que era preciso retomar el crecimiento, bajar el déficit y hacer sostenible la trayectoria de la deuda. Pero la pandemia hizo cambiar todos los planes y se ha visto que países ortodoxos han realizado políticas fiscales y monetarias expansivas para atender las urgencias de las empresas y de los individuos. Y si alguien tiene dudas que le pregunte a Merkel, ortodoxa como nadie pero hoy por hoy realista frente a la crisis.

Obviamente Uruguay no tiene la solvencia de Alemania pero sí tiene, y esto es bueno reconocerlo a gobiernos anteriores, buen crédito y buen acceso a crédito barato y abundante de organismos multilaterales sin contar el FMI, que es prestamista de última instancia, a la que no tenemos por qué llegar.

Más de una vez la ministra de Economía, Azucena Arbeleche, dijo textualmente “la plata está”. Y si uno mira los créditos que Uruguay tiene disponibles o los activos líquidos que tiene en los organismos multilaterales por un entorno superior a los US$ 2.000 millones, la “plata está” para un incentivo a los sectores económicos que generan empleo, y que es más eficiente que un regalo transitorio como una “renta universal básica” que comienza siendo transitoria y termina siendo permanente. Pero eso es decisión del gobierno y hasta el momento se ha mostrado renuente a llevarlo a la práctica. Quizá por estar muy aferrado a una ortodoxia estilo Merkel, quizá por temor por el grado inversor. Pero si uno mira lo que dicen las calificadoras no es tanto el nivel del déficit sino las medidas que se están tomando para reducirlo. Es decir, habría que hacer hincapié en el manejo del déficit coyuntural de la pandemia, que debería aumentar, y en cuidado del déficit estructural que el gobierno está reduciendo. Eso, y las reformas estructurales, es lo que miran las calificadoras.

Y en ese sentido, con pandemia y sin pandemia, hay que preguntarse qué es lo que está haciendo el gobierno en materia de reformas estructurales. Algo hay en la LUC pero no mucho. En la medida que el gobierno avance en reformas estructurales (educación, reforma laboral, inserción internacional) mucho más fácil será mantener la buena voluntad de las calificadoras. Pero, en todo caso, sabemos que la plata está y que hace falta tanto para el malla oro como para el pelotón de la estructura productiva. Y no cabe mucha más dilación. Después será mucho más difícil recuperar empresas y capital humano perdido. Hoy estamos a tiempo.