Los nuevos dueños del fútbol uruguayo, ¿qué son las SAD, qué clubes buscan y cuál es su negocio?

El País

La AUF apuesta a los inversores extranjeros para sanear el déficit financiero de los equipos más chicos, pero a su vez distintos dirigentes advierten un efecto negativo en la generación de jugadores.

Nunca fue fácil administrar una pasión. Peor aún si es masiva, como el fútbol. Y si además esa pasión es la fibra primordial de la identidad nacional, entonces nada de lo que le afecte será del todo ajeno. Tal vez por eso, los especialistas en derecho del deporte son cautelosos al describir el profundo cambio que el desembarco de grandes inversores está generando en el fútbol uruguayo al adquirir el control de una veintena de clubes de primera, segunda y tercera división mediante el mecanismo de la creaciónde Sociedades Anónimas Deportivas (SAD).

De esta manera, un discreto equipo de corazón barrial, constituido como una asociación civil sin fines de lucro, administrado por dirigentes de forma amateur, pasa a ser gestionado por un grupo de inversión con lógica empresarial cuya meta es generar ganancias.

Cada SAD tiene un proyecto distinto; las hay “criollas”, como Rentistas y Plaza Colonia, y las hay internacionales, siendo Montevideo City Torque el ejemplo más extremo. Este modelo de gestión, apoyado en unainversión en infraestructuras y en la formación de futbolistas, trajo estabilidad económica, generó que pequeños clubes asciendan rápidamente, ganen un campeonato apertura y participen en torneos internacionales.

Pero también hay administraciones criticadas. Se las acusa de establecerse para “hacer parking” y de ser un pasamanos de jugadores que se compran en las formativas de equipos medianos y grandes necesitados de dinero (de acá y de afuera) y se venden.

Así, la proliferación de las SAD en el aguerrido mercado charrúa provoca un cambio cultural que divide al ambiente futbolístico. De un lado están los que consideran que esta herramienta es la salvación para la parte más débil del ecosistema, condenado a hundirse en deudas año tras año hasta quizás, algún día, desaparecer. A ellos se enfrentan los que creen que las SAD son una salida “coyuntural” que no puede prolongarse ya que en su afán por captar jugadores, “darles el golpe de horno” y venderlos, extinguirán la dinámica que explica “el milagro” de que Uruguay sea un líder mundial en producción de jugadores, y que en la última década haya exportado más futbolistas (por habitante) que cualquier otro país. Esto generó un ingreso de 600 millones de dólares, según un análisis realizado por el Centro de Estudios de la Realidad Económica y Social al que accedió El País.

Ese informe lo encargó la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF). El propósito fue diseccionar el funcionamiento del mercado para buscar una salida a la contradicción de que la calidad del campeonato profesional no acompañe el desempeño de sus talentos.

El asunto es que, por ahora, la marca país potencia —en promedio— el valor de un jugador formado en Uruguay sobre el resto de los jugadores de características similares pero, con el crecimiento de los negocios que rodean al fútbol, el desarrollo de otras ligas ha dejado rezagada a la uruguaya. En un futuro, esto podría afectar su buena imagen y por lo tanto el valor de sus jugadores. La competencia es cada día más fuerte y exige implementar nuevas estrategias.

El asunto de fondo es cómo equilibrar el folclore con el que vivimos tradicionalmente el fútbol en nuestras canchas con su desarrollo comercial en el escenario mundial. Al final de cuentas una cosa está relacionada con la otra, se sabe, pero todavía hay una resistencia a pensar al fútbol como un “producto” que debe “venderse” para “atraer inversores”.

Ignacio Alonso encaró este dilema al asumir la presidencia de la AUF, en 2019. “Cuando llegamos vimos las dificultades de los clubes para poder aguantar y ser rentables”, dice. En el mundo, el fútbol se convirtió en un espectáculo deportivo que multiplicó sus competencias, agrandando las cifras económicas que lo rodean. Si en otros países los clubes se financian con la venta de entradas, sponsoreo de marcas, derechos de televisación y transferencias de jugadores, aquí la comercialización de jugadores es la billetera de la mayoría de las instituciones.

“Al tener poca espalda financiera, muchas veces se sale a malvender jugadores”, platea Alonso. Y, además, muchos equipos se financian con deuda, “por lo tanto se agrega el gravado de los intereses financieros”.

Ante este panorama, y aunque la AUF ha manifestado que se deben mejorar los ingresos por televisación, se vislumbró una solución en el desembarco de las SAD. “La única salida que nosotros veíamos era buscar inversores y ofrecerles el modelo de formación del fútbol uruguayo. Gente con espalda financiera que cubriera los ejercicios deficitarios y que pudiera apostar formando mejor para tener mejores ventas”, plantea Alonso.

Se prepararon informes de rentabilidad, potencialidad e inversión, y con esas estadísticas la AUF dedicó los últimos tres años a promover al fútbol uruguayo como un producto para invertir.

Detrás del auge.

El fútbol es cada vez más complicado, coinciden distintos dirigentes. La profesionalización del sector —fijando salarios mínimos para los futbolistas, entre otras cosas—, trajo el encarecimiento y los ingresos genuinos no alcanzan para cubrir los gastos. Además, la paralización por la pandemia bajó el valor de las transferencias de jugadores. Para varios equipos, la ecuación no cierra. Plantean, a modo de ejemplo, que un partido requiere una inversión de entre 3.000 y 5.000 dólares solamente para pagarle a los jueces. “Ese folclore de vender rifas y hacer una kermés para bancar el presupuesto ya no existe”, sentencia Adrián Leiza, dirigente de Liverpool (asociación civil) y abogado especializado en el asesoramiento de creación de SAD.

Aquella tradición del hincha convertido en dirigente del pequeño “cuadro de sus amores”, se está terminando. Administrar un equipo se ha convertido en una tarea cada vez más exigente, una sucesión de “decisiones estratégicas” en clave empresarial. “Hoy más que nunca los clubes están necesitados de inyecciones económicas y no tienen de dónde agarrarse más que de las SAD”, resume la abogada Kirsten Jourdan, quien con una mueca triste pronostica que las sociedades anónimas seguirán multiplicándose entre los clubes de menor porte. Parece inevitable. “Es algo que culturalmente uno debería empezar a aceptar”, desliza.

Una señal del creciente interés son las constantes consultas que reciben los abogados por parte de intermediarios de inversores chinos, norteamericanos, europeos, árabes. Preguntan cómo es el funcionamiento y qué bondades tiene el sistema.

Aquí, el elemento clave es que la normativa mantiene la exoneración de impuestos prevista para las asociaciones civiles sin fines de lucro (por entender que son eventos culturales) para las SAD. Así, aunque estas tengan fines comerciales y se dividan las ganancias entre los socios, no pagan impuestos. Tampoco pagan tributos sobre las transferencias de los futbolistas. Además, juega a favor la estabilidad institucional del país.

La ley que habilita la opción de que las instituciones deportivas sean administradas mediante sociedades anónimas se incorporó en la Rendición de Cuentas de 2001. Se la apoda la “ley Trobo”, porque fue impulsada por el entonces diputado nacionalista, quien replicó el modelo de gestión que en la década de 1990 se afianzó en países como España Alemania para contener el déficit en las finanzas del fútbol. En aquel momento, el gobierno español obligó a los clubes con problemas financieros a incorporar este mecanismo de gestión empresarial. “Cuando el auge de las SAD en Europa, los hinchas las veían con mucho recelo. Se pensaba, estos tipos vienen a hacer plata y no les importa salir campeones. Les exigieron que compitan en las ligas, que salgan campeones todos los años”, dice Leiza.

En la región, sin embargo, el desembarco fue más lento. En Chile las SAD son el único modelo de gestión permitido, en Colombia también. Brasilacaba de aprobar una ley que las impone, mientras que Argentina las descartó.

Pero volvamos a Uruguay. El impacto de la ley fue discreto. Las primeras inversiones, como la de Deportivo Maldonado, en 2009, no llamaron la atención. “Hay un tema cultural que hizo que no avanzaran mucho, que es que los uruguayos somos todos hinchas y cuando pensamos en una sociedad anónima en un club nos rechina”, opina la abogada Jourdan.

También las rodeó un manto de desconfianza. Los estragos financieros que habían dejado diversas experiencias de gerenciamiento a manos de privados —un instrumento distinto— eran un pésimo antecedente.

¿Qué fue lo que desató el boom? Aquí entramos, en uno de los claroscuros del instrumento. Una ley de 1980 prohibía en nuestro país que personas físicas o jurídicas inviertan en los derechos económicos de los jugadores. La compra se realizaba a los clubes donde estaban inscriptos. Era ilegal, pero ante la necesidad económica de los clubes, estos negocios se hacían sistemáticamente y en contadas ocasiones eran denunciados ante la Justicia.

Y así siguió por años.


El abogado Horacio González Mullin explica de esta manera las consecuencias: “Esta compra implicaba que si el club transfería a ese jugador, le daba determinado porcentaje al empresario. El empresario entonces buscaba clubes que necesitaran dinero, compraba derechos y esperaba que el club los vendiera para exigir su parte”.

¿Cuál es el problema de esta maniobra? “Por como se hacía, terminaba perjudicando al jugador, porque el inversor al poner el dinero exigía decidir sobre la venta. Así, terminaban teniendo por un lado el control de la carrera del futbolista, y por el otro de las políticas de trabajo y transferencias de los clubes”.

En 2015, la FIFA prohibió que terceras personas sean dueñas de derechos económicos de jugadores. Esto puso un freno, pero los empresarios se “reconvirtieron”. “Y así es que empiezan a funcionar más las SAD, que en realidad, en algunos casos, hacen lo mismo pero en vez de comprar a un jugador compran a todos y administran el club”, dice González Mullin.

En Uruguay, es sabido que varios de esos empresarios actualmente son socios de algunas de las SAD.

Los elegidos.

El procedimiento más común implica que un inversor crea una SAD y firma un acuerdo con una asociación civil, en la que a cambio de un pago le cede los derechos de explotación del activo fútbol por determinado tiempo. De esta manera, la estructura original del club no se desarma, y en algunos casos la exdirigencia sigue haciéndose cargo de otras ramas deportivas, si las tiene. Esos acuerdos “son trajes a medida”, cuyo valor en nuestro mercado ha oscilado entre cientos de miles de dólares y millones.

“A cambio del activo, la SAD le da a la asociación dinero, o un canon fijo, o un porcentaje de las transferencias de equis jugadores, o un porcentaje de las utilidades, o acuerdan ciertas mejoras edilicias. La casuística es infinita: depende de las necesidades que tenga el club”, señala Leiza, quien entre otras transacciones intervino en la de Plaza Colonia. Como los proyectos son a largo plazo, los contratos se firman por entre 10 y 25 años.

Para evitar eventuales problemas con integrantes de las asociaciones, las SAD les exigen que citen a sus socios a una asamblea para votar la concesión del activo. En el caso de Racing, la experiencia “fue traumática”, relata su exdirigente Raúl Rodríguez.

Algo similar sucedió cuando el Inter de Miami se había dispuesto a negociar con Wanderers, iniciativa que finalmente naufragó.

Tras el aval de los socios, se requiere el visto bueno de la AUF. Ante esta institución, ambas partes firman un contrato. “Para evitar que pase lo de los gerenciamientos, es necesario que las asociaciones sean precavidas y exijan garantías a las SAD”, advierte González Mullin. Según ha podido constatar, no siempre están suficientemente respaldadas para el peor escenario: que la SAD se retire.

¿Las asociaciones siempre pierden el control del club ante las SAD? Como los acuerdos son trajes a medida, podría suceder que la asociación adquiera parte de las acciones o tenga delegados en el directorio, pero en los hechos no sucede. “En general, el inversionista no quiere que el club tenga injerencia en las decisiones que vaya a tomar. Con esto me refiero a decisiones deportivas, financieras o políticas dentro de AUF. Lo que plantean, es que no quieren que las decisiones de negocios y económicas se tomen en función de la pasión”, señala el abogado Felipe Vásquez Rivera.

Este aspecto es crucial, porque no cualquier club tiene el perfil para ser gestionado por una sociedad anónima. Los inversores analizan primero que la institución no tenga muchas deudas. Luego, evalúan el arraigo popular. “Si no hay arraigo barrial, me lo puedo llevar a donde quiera”, dice González Mullin. Después, está la dirigencia: es un problema si lo sostienen un grupo de personas mayores “cuya vida es el club”, dicen los asesores. Y por último la hinchada.

Por eso, este mecanismo es incompatible con los equipos masivos. Así, las SAD se establecieron en clubes como Deportivo Maldonado, Atenas de San Carlos, Boston River, Albion, Sud América, Central Español, Cerrito, Rentistas, Racing, Rocha, Juventud de las Piedras, Rampla o Torque, el caso más paradigmático al estar administrado por el grupo City.

Javier Noblega, encargado de negocios de esta SAD, cuenta que lo escogieron por ser “una especie de lienzo en blanco donde podíamos empezar a darle nuestra impronta”.

¿Y los clubes que quedan?
“Cada vez van quedando menos asociaciones civiles”, dice la abogada Jourdan. Entonces, a ellos, ¿cómo les afecta este cambio en la matriz financiera y administrativa del fútbol?

La magia.

Equipos como Danubio y Defensor miran de reojo a las SAD: piensan en un mecanismo intermedio. Desde Danubio relatan que hubo conversaciones con el Inter de MiamiBarcelonaAtlético de Madrid y grupos mexicanos. “El tema es que ningún club va a darle millones de dólares a otro para mejorar la infraestructura a cambio de jugadores o transferencias si no traen gente para administrarlo”, plantea una fuente.

En Defensor analizan cómo hacer del fútbol una unidad de negocios separada del resto de las ramas deportivas que desarrolla el club. “Podría ser perfectamente autosustentable el fútbol, si no tuviera que sostener al resto”, dice una fuente de la directiva.

Mientras buscan una fórmula, reconocen que las SAD están convirtiéndose en una competencia. Si bien desde la AUF se apuesta a fomentar la cantera del fútbol nacional, que brinda “una posibilidad de scouting única con cerca del 25% de los niños de entre 5 y 12 años jugando fútbol federado en el baby fútbol”, desde algunos clubes sostienen que el modelo de negocios de algunas SAD, lejos de invertir en sus propias formativas, se basa en incorporar a jugadores que ya están en formativas de otros equipos.

“Aprovechan una necesidad tuya de estar pasando por un mal momento económico y te los compran barato, porque saben que estás desesperado para poder pagar sueldos. Esto no permite que el jugador madure en el equipo”, se lamentan desde Defensor.

En el mismo sentido, Rodríguez, que fue durante 20 años dirigente de Racing, promovió la llegada de la SAD al club con condiciones que, según relata, luego modificó la siguiente directiva, considera que el modelo de gestión que aplican es “contrapuesto” al que le trajo éxito al fútbol uruguayo. “Ninguno de los equipos SAD invierte en la captación de los talentos desde que son niños y eso es lo mágico que tiene el fútbol uruguayo. El estar invirtiendo en los niños de 10, 11, 12 años y competir entre los clubes para ver quién se los lleva a sus formativas. Los agarran después, cuando les falta ‘el golpe de horno’ para la venta”, dice.

La percepción de la AUF es otra. “Hoy hay una explosión en infraestructura que se está notando. Hay una cantidad de casos muy exitosos que están contagiando a otros inversores”, confía Alonso.

Entre los clubes grandes, el presidente de Peñarol Ignacio Ruglio se ha mostrado contrario a la proliferación de este tipo de gestión. En tanto, Alejandro Balbi, vicepresidente de Nacional, reconoce que por lo pronto el impacto de las SAD se siente en que al tener complejos deportivos interesantes, “te compiten de igual a igual en las comodidades y bondades que se les ofrece a un chico que está en formativas”. Es como si hubiera más escuelas buenas en el barrio. El asunto es qué pesará a la hora de elegir dónde formarse.

Entre futbolistas y técnicos, crece la curiosidad por saber qué tal es trabajar con gestores privados. Reconocen la estabilidad económica, la virtud de contar con buenas infraestructuras, rodeados de profesionales y con organigramas claros. ¿Pero existe una presión mayor? Diego Forlán, extécnico de Atenas, comentó que los responsables de la SAD le indicaban decisiones técnicas y qué jugadores poner y sacar del equipo. Otro entrenador de una SAD, que pide anonimato, responde que vivió las mismas presiones que con dirigentes de una asociación civil.

Eso sí.


Hay una diferencia medular.


Dice: “Mientras dirigí, no tuve que lidiar con problemas económicos. Pero no es lo mismo que el club sea conducido por un empresario que por un hincha, que tiene una historia con el equipo. No hay un arraigo cultural, que para mí es fundamental en el fútbol. Estás en una empresa que viene a tomar la materia prima, que son los jugadores, y te incorpora a vos como un mando medio en una cadena productiva, para darle valor al producto que va a exportar. Y eso hace que el fútbol que los uruguayos conocemos pierda toda su magia”.