Migrar y conectar

Por Florencia Betancor, economista (UdelaR). 

No son muchos los colombianos que he tenido la oportunidad de conocer a lo largo de mi vida, pero los pocos que tuve el gusto de tratar se destacaron por su amabilidad y cortesía, una característica que parece ser común a los nacidos en esa tierra.

En los últimos años, Uruguay ha recibido un flujo constante de colombianos. Entre 2015 y 2019 se otorgaron más de 3.000 residencias a personas de esa nacionalidad.

Algunos vienen a estudiar, otros crean su propia empresa. A muchos los trasladó la firma en la que trabajaban. Llegan aquí a armar una nueva vida, con ganas de progresar. Y lo más importante, con ideas nuevas.

Durante la investigación de campo para el informe “CERES Analiza – República de Inmigrantes” de diciembre, conocí a Melissa, una colombiana que junto a otros cuatro compatriotas creó una entidad que se llama Conexión Colombia-Uruguay. Esta iniciativa busca ayudar y visibilizar a los colombianos que están viviendo en nuestro país, al tiempo que promociona a Colombia en Uruguay, y a Uruguay en Colombia.

Es una organización muy amplia, que busca apoyar a estudiantes, empresarios, emprendedores, y también a quienes necesitan una ayuda más urgente al estar en una condición de vulnerabilidad de un país extranjero.

Es un claro ejemplo de organización propia y autónoma que demuestra cuán positiva puede ser la inmigración para el desarrollo de vínculos entre países. ¿Cuánto más fácil será para un colombiano instalarse en Uruguay con una referencia como esta?

La inmigración puede profundizar la integración entre las naciones, fomentar los vínculos internacionales y tener otras derivaciones más allá de la llegada del llamado “capital humano” al país receptor.

Desde las políticas públicas se debe ir en esa línea: crear condiciones efectivas de “brazos abiertos”, al tiempo que se fomentan las iniciativas que surgen desde la ciudadanía. Buscar y aprovechar las oportunidades de conexión entre países que ofrece de hecho la inmigración, favorecería el desarrollo de Uruguay y retroalimentaría el propio fenómeno migratorio con todas sus consecuencias positivas.