Noviembre, mes de elecciones en América Latina

América Latina registrará una catarata de elecciones en este mes de noviembre, todas importantes para el futuro de los países que atravesarán estos procesos, por razones diversas.

Chile elegirá al sucesor de Sebastián Piñera en unos comicios que se realizan con el telón de fondo de las protestas sociales de 2019, que llevaron al proceso constituyente hoy en curso. Lo importante para los chilenos es que estas elecciones se desarrollarán con todas las garantías de un proceso democrático, tal como ocurre con la Convención Constituyente instalada este año tras un acuerdo político y una consulta popular, para canalizar las demandas de mayor igualdad y distribución del éxito económico del modelo chileno.

De similar manera, Argentina celebrará elecciones legislativas de medio término el 14 de noviembre. Son comicios clave en los que el gobierno se juega los equilibrios de poder en el Congreso y, con ellos, el tipo de continuidad que le espera a los Fernández en la Casa Rosada. Son elecciones precedidas de una campaña muy tensa, descarnada por momentos, pero se desarrollan en un contexto de garantías para los votantes que perfectamente podrán decidir cambios en el Congreso de la Nación.

En tanto la situación es otra en Nicaragua, donde el próximo domingo Daniel Ortega será “reelegido” en un acto electoral con aspirantes a la Presidencia, opositores y críticos, presos, bajo cargos, en la mayoría de los casos, de “traición a la patria”. Será la consolidación definitiva de una dictadura –una más- en América Latina. A sus 75 años, este cuarto mandato de Ortega tendrá todo aquello que lamentamos en esta región con tantas dificultades económicas y sociales, y a la vez, con tanto potencial para salir adelante, en libertad claro está.

El mismo día que los chilenos votarán en lo que según las encuestas será una primera vuelta –habrá segundo turno en función de los sondeos-, los venezolanos elegirán gobernadores y autoridades municipales. En un marco de autoritarismo y concentración de poderes consolidado desde hace años, con un gobernante cuya reelección no fue reconocida por decenas de naciones, estas elecciones  en el país caribeño tendrán una particularidad positiva: la oposición participará, en busca de espacios de poder luego de que sucesivos boicots por falta de garantías a comicios anteriores, tanto como el avance del Ejecutivo sobre los demás poderes del Estado, radiara del ejercicio de gobierno a los representantes críticos del régimen. Es una tímida luz de esperanza, en un continente donde el autoritarismo –que se evidencia en la recurrente e indisimulada búsqueda de perpetuarse en el poder- sigue muy presente.

El mes se cierra el 28 con las elecciones presidenciales en Honduras, en donde una campaña muy polarizada y el antecedente de fuerte violencia en las calles con decenas de muertos y heridos tras los comicios que hace cuatro años le dieron un segundo mandato a Juan Orlando Hernández, marcan la tónica electoral. En este empobrecido país centroamericano, signado por la crisis migratoria que azota al istmo, los llamados a una votación en paz para que no se repita la tragedia de la última elección se multiplican. Las misiones de observación electoral son la mejor garantía para esperar un proceso limpio y evitar que se repitan las sospechas de fraude que empañaron la última votación.