Un café con Ferguson

Eran las 9:50 de la mañana cuando bajé del ascensor en el último piso de un hotel en el centro de Melbourne. Tenía agendada una reunión con el exlíder sindical y político australiano Martin Ferguson, un viejo lobo de mar. Miré para mi derecha donde estaban la mesa unas carpetas, pero no había nadie. Miré para mi izquierda y vi a un señor rubio de tamaño medio de espaldas pidiendo algo en la barra del bar. Se da vuelta y era él.

El saludo fue efusivo, casi como si nos hubiéramos visto antes. Enseguida pasamos a la mesa y la charla fluyó con gran naturalidad, a pesar del esfuerzo para poder seguir su cerrado acento australiano en un bajo todo de voz.

La charla fue espectacular. La claridad de conceptos, impresionante. Comprendí por qué Ferguson es una leyenda en Australia.

Me contó en detalle el proceso de reformas desde la visión sindical, desde el papel clave que le tocó jugar en aquellos años. A principio de la década de 1980 Australia introdujo una reducción unilateral de tarifas a las importaciones, que le exigió iniciar un profundo proceso de reformas para que la economía se volviese competitiva.

Martin Ferguson era entonces el presidente de la principal central sindical en el momento crítico de las reformas; y luego fue ministro de Energía y de Turismo en representación del Partido Laborista.

`La clave para lograr la necesaria flexibilidad laboral en un contexto de menor protección tarifaria fue ofrecer amplias y diversas compensaciones no salariales a los trabajadores de los sindicatos involucrados, en especial a los del sector público, así como reducción de impuestos en las franjas más bajas de ingresos`, me dijo Ferguson sin dudarlo.

Me llamó la atención su preocupación por las nuevas generaciones sindicales y sus posiciones en materia de regulación laboral, así como con la visión del nuevo primer ministro del Partido Laborista que acaba de asumir luego de haber ganado las elecciones en mayo.

Para tener un panorama más completo de la situación del movimiento sindical, pedí especialmente a los organizadores de mi viaje una reunión con autoridades actuales de la central sindical que años atrás había presidido Ferguson.

Así fue como un par de días después, desayuné en Canberra con el principal asesor económico de la Australian Council of Trade Unions (ACTU), que hoy representa a casi dos millones de trabajadores y sus familias.

Australia tenía los mismos asuntos por resolver que hoy tiene Uruguay, y lo hizo con mucho éxito.

Las preocupaciones de Ferguson tenían cierto sustento. La palabra `neoliberal` sonó varias veces en el desayuno. Por momentos, pensé que estaba en Montevideo en lugar de Canberra, porque los temas de la charla no eran muy distintos a los que tengo usualmente con sindicalistas de Uruguay.

Las nuevas generaciones sindicales se encuentran muy preocupados por el nivel de salarios, que no es suficiente para cubrir el elevado costo de vida, en un contexto de desempleo casi inexistente. No tienen tan clara la lógica de las reformas; tienen una visión económica más heterodoxa, cuestionan la posición mayoritaria a favor de la apertura comercial, aunque no se los ve dispuestos a impulsar una marcha atrás.

Las reformas tienen su momento para implementarse. Australia tenía los mismos asuntos por resolver que hoy tiene Uruguay, y lo hizo con mucho éxito en el momento justo. Hoy cosecha los frutos, que son abundantes.