Un lugar para quedarse

Por Evelyn Robález, estudiante avanzada de Economía (Universidad Católica del Uruguay). 

Llegaron entre risas y de la misma forma se fueron, haciendo honor a lo que se dice de la gente de su país. Una pareja de brasileños cuenta los motivos de su viaje a Uruguay, inundando la sala de alegría. Hablan al unísono y completan las frases del otro; elogian al país abierto e inclusivo que eligieron para ser su nuevo rinconcito en el mundo.

Según ellos, en Brasil hay dos opciones: calor o mucho calor. Así que un primer corte entre los países que consideraron cuando pensaron en migrar fue el clima. En el sur del continente se puede disfrutar de cuatro estaciones y huir del calor tropical. Segundo corte: la calidad de vida. Ahí Uruguay puntuaba muy bien. El tercero fue más específico: buscaban ir a uno de los mejores países del mundo según calidad de vida para la población LGBTQ+, y ahí Uruguay está en el top 10.

Uruguay destaca a ojos extranjeros por leyes que garantizan el trato igualitario en materia de derechos, y eso les hizo pensar en este país como un buen destino en el que pueden realizarse.

Antes de viajar verificaron cada requisito que entendieron necesario: poder entrar al país con su perra husky, estar cerca de su familia que quedó en Brasil, un idioma como el español que les resulta fácil para manejarse… Su apartamento ideal, lo “visitaron” por internet ya que nunca habían estado en Uruguay.

Ahora describen a su nuevo hogar en el sur del continente como un lugar especial y atractivo, por su gente de mente abierta y solidaria.

Todos los migrantes que eligen a un país como su nuevo hogar deberían sentir esto. Pero la realidad, como muestra el informe “CERES Analiza – República de Inmigrantes” de diciembre, no siempre es color de rosas.