Un TLC que pone a Uruguay de cara al futuro

El anuncio de que Uruguay y China buscarán un acuerdo de libre comercio es, tal vez, el más relevante al que hemos asistido en materia comercial en nuestro país en lo que va del siglo. Ya el presidente Tabaré Vázquez había esbozado el interés de Uruguay por un acuerdo con el gigante de Asia, principal socio comercial de Uruguay. Pero no logró avances como los alcanzados por la actual administración. Gobiernos anteriores pelearon por flexibilizar el Mercosur para poder explorar posibilidades con terceros mercados. Pero el corsé mercosuriano ahogó cualquier expectativa, en base a una resolución del año 2000 y una interpretación de los tratados fundacionales del bloque con las que el actual gobierno uruguayo discrepa. Y esto fue un punto de quiebre. Cuando el presidente Luis Lacalle Pou comunicó a sus socios que buscaría acuerdos comerciales bilaterales, la reacción argentina fue virulenta; aunque más moderadamente, Paraguay también se opuso. Sin embargo, esta vez, Brasil, que antes obstaculizaba cualquier iniciativa que no lo incluyera, está de nuestra parte. Al menos por ahora. Existe en este proceso una conclusión inequívoca: la habilidad de Uruguay fue aprovechar una coyuntura particular en el bloque que permitió que China aceptara su propuesta de negociar. Ahora sí es China que quiere buscar un TLC con Uruguay. Nuestro país tiene dos respaldos invaluables en su iniciativa, y debe aprovechar el momento.

Argentina, que a través de uno de sus ministros esbozó la posibilidad de que Uruguay se quede fuera del Mercosur si acuerda con China, debería contar con el apoyo de los otros socios del bloque para que algo así se concretara. Sería una decisión que, además, iría en contra de una expresa voluntad de China de negociar con Uruguay. Es un extremo difícil de imaginar para un país como Argentina, encerrado en sus fronteras (políticas y financieras).

Uruguay debe no obstante manejar inteligentemente los tiempos: Jair Bolsonaro está cada vez más solo en el gobierno brasileño. Su apoyo, hoy, está. Pero su gobierno se debilita y la posibilidad de que sea reelecto en 2022 es cada vez menor, si se lee en función de encuestas de aprobación y respaldo del sistema político brasileño. El «apuro» al que hizo mención el presidente Lacalle Pou no aplica solo a lo comercial, sino a lo político. Hoy, las condiciones están dadas para negociar con China sin mucho más que ruido dentro del Mercosur. Hoy, la apertura de Brasil, que tiene como aliado a Uruguay ante Argentina para tratar de bajar el sideral y muy perforado arancel externo común del Mercosur, es un dato de la realidad. El gobierno uruguayo no perderá el tiempo, sabedor de que parar la rueda es más difícil cuanto más rápido va.

Un TLC con China no es solo una buena noticia potencial para el comercio uruguayo. Lo es para la imagen global del país, que comienza a perfilar su apertura comercial al mundo luego de años de aparecer embarcado en ese proyecto inconcluso que es el Mercado Común del Sur. Este Uruguay quiere abrirse al mundo y esta negociación -se llegue o no a un TLC- será la mejor demostración de esa vocación nacional, que es transversal a los partidos políticos.