Una ventana en el Mercosur

“Más y mejor Mercosur”. La frase se repitió como un mantra durante la década pasada, sin que nadie supiera muy bien qué significaba. ¿Profundizar las relaciones comerciales entre los socios? ¿Aumentar las vías de intercambio con países extrazona? El Mercosur pasó tanto tiempo sumido en discusiones sobre asuntos políticos que pareció olvidar su razón de ser: el comercio. Así, no hubo más ni mejor Mercosur. El bloque se limitó a una unión aduanera imperfecta, con un arancel externo común perforado, cuyo mayor mérito es un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea que está todavía muy, muy lejos de concretarse. Atado a una “tradición” anclada en una decisión adoptada en el año 2000 por el Consejo Mercado Común, el Mercosur tampoco permitió que sus miembros buscaran acuerdos comerciales por cuenta propia, una tesitura que refrenó el ímpetu comercial de Uruguay, que hace dos décadas aboga por poder explorar alternativas. Y el momento llegó. El gobierno de Luis Lacalle Pou hizo lo que venía anunciándole a sus socios de bloque. En la última reunión de presidentes confirmó que buscará acuerdos comerciales por fuera del Mercosur. La protesta de Argentina chocó esta vez con el apoyo de Brasil. Y ese cambio de lectura que impone el actual gobierno a la “32/00”, a la que considera sin efecto, se produce entonces en el momento propicio. Brasil quiere una rebaja del AEC que Uruguay apoya, y Argentina no tiene como romper el Mercosur para frenar a Uruguay, a riesgo de perder sus preferencias comerciales que tanto le benefician con el mercado brasileño. El Mercosur no se romperá. Al menos por ahora. Pero cambiará. Y Uruguay podrá buscar –por haber actuado con inteligencia y en el momento preciso- otros destinos para sus productos. China o el Reino Unido, países del Sudeste Asiático o del Oriente Medio: todos son mercados a los que nuestra producción podría buscar entrar con mayor dinámica a través de un TLC. Aunque esos potenciales “socios” aún no se definen, el solo hecho de poder movernos con libertad es un avance que muchos gobiernos buscaron en beneficio del país. La ventana de oportunidad para consolidar este paso es clara: el tiempo que dure el apoyo del Brasil de Jair Bolsonaro, que tiene la presidencia pro témpore del Mercosur en sus manos por seis meses y por lo menos un año y medio más de mandato, campaña electoral incluida. Es una ventana pequeña pero suficiente, y está en nosotros aprovecharla mientras esté  abierta.